miércoles, 4 de marzo de 2026

El ecosistema del sentir

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí. Me encuentro en un proceso creativo para poder compartir con ustedes uno de los capítulos de mi vida, pero hoy siento la necesidad de expresar un poco de esta imaginación que a diario no deja de volar, de crear, de sentir. No se detiene; todo lo quiere llevar más allá. Es como si respirar dependiera de ello.


¿Y saben algo? Me encanta. Me fascina.


Sólo el tiempo irá diciendo cómo vamos construyendo nuestros pasos, nuestro camino, nuestros sueños. No bajen los brazos. Quien lo dice quizá no es la persona más indicada, pero no lo hagan: hay más luz dentro de esta oscuridad de la que los demonios de nuestra alma pueden manejar.


Hoy vengo un poco nostálgica, romántica, enamorada de los recuerdos de vidas pasadas. Añoro deseos prohibidos, sueños de un tiempo en que aún no nacía a la vida humana. Esos sueños, esas historias donde cada sensación, cada existir, cada movimiento, cada roce imperceptible creaba existencia y calor; creaba un mundo efímero y real que poco a poco se transformaba en universos, galaxias, planetas y, finalmente, en ecosistemas independientes.

Magia pura. Hermosamente magia.

Algunos más testarudos lo llamarán ciencia. Pero para mí es magia. El mundo, el universo, es mágico. Y el ser humano es aún más esplendoroso y maravilloso.

No es que los ame a todos, pero los admiro. Los admiro por su capacidad de generar vida, destrucción, movimiento. Un gesto tan sutil, tan efímero, puede hacer temblar la tierra, provocar que los mares rompan en llanto y que el cielo se revuelque en las capas invisibles en las que solemos respirar y existir.

Es fantástico el sentir humano. Nuestros cuerpos están hechos para palpitar, para temblar, para articular movimiento y concentrar emociones tan intensas que incluso podrían extinguirnos.

¿No les parece mágico que estos cuerpos logren tantas conexiones, tanto sentir? Aunque no queramos o intentemos ocultarlo, esa es nuestra esencia. Para eso existimos: para sentir más allá, para experimentar cada emoción, cada sentimiento, cada dolor, cada alegría, cada instante de paz, amor u odio.

Y en cada uno de nosotros todo es distinto. Es un mundo exquisito lleno de matices, de colores, de olores; a veces incluso en blanco y negro, donde habitan las sombras, o en tonos sepia que parecen recuerdos antiguos.

Dios santo, es un cuadro tan hermoso.

Si tan sólo pudieran sentirlo o verlo como yo, estarían fascinados, amando y odiando al mismo tiempo nuestra realidad.

Y aquí es donde comienzo a hundirme en sueños. Imagino esos amores únicos, intensos, hermosos y dolorosos; amores a carne viva, heridas que permanecen abiertas por el resto del tiempo que nos queda en estas almas.

Esas almas que, cuando se encuentran, pierden la cordura de la realidad. Amantes del fuego, de la tierra, del agua y del aire: un ecosistema complejo y único.

Historias fantásticas que muchas veces jamás se realizan del todo, que no culminan como deberían, que terminan lejos… pero que nos muestran lo más hermoso del dolor: lo que realmente significa amar.

Ver a alguien sonreír al otro lado de la esquina y sentir que el corazón se rompe mientras grita en silencio:

“Vuelve… vuelve a mí. Sin ti, los recuerdos y la memoria no son más que páginas vacías.”

¿Por qué no podemos romper esos estigmas tan de novela, tan reales y a la vez tan absurdos?

Amemos. Permitámonos amar.

¿Qué harías si hoy te dijeran que tienes una enfermedad terminal y sólo unos meses de vida?

¿Los buscarías? ¿Disfrutarías cada instante creando memorias únicas y hermosas?

¿O te hundirías en tu propio amor, en ti mismo, en tus sueños?

La vida, a ratos, es hermosa e incomprensible.

El dolor también hay que aprender a amarlo y aceptarlo, como nos aceptamos a nosotros mismos.


Gracias por permitirme seguir aquí.





S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...