Sensaciones de satisfacción, paz, cariño, libertad... los pies en la hierba, el viento acariciando el cabello, el sol iluminando nuestros ojos, el cielo coronando la vida... las raíces de nuestros ancestros se perciben en la sangre, en la tierra, en todo el ambiente, en lo más profundo de nuestras almas.
Encontrar a tu otra mitad en este
vasto planeta es una tarea difícil, casi imposible; hallar ese ser que sea tu
complemento en cuerpo y alma, tu igual, tu todo, es como buscar "una aguja
en un pajar". Pero siempre existe ese 1%; quizás no sea el momento ni el
espacio adecuados, tal vez nada encajó antes, quizás nada tenga sentido... pero
ahí está, de pie frente a ti. Tu piel, tus ojos, tus labios, tu fragancia... lo
posee todo. Un reflejo perfecto de ambas almas. Puedes afirmar que has
encontrado la perfección imperfecta, la cual desconoce las complejidades de la
vida. Todos somos un tanto egocéntricos y ególatras en estos asuntos; descubrir
esa mitad de ti te brinda una satisfacción indescriptible y materializa un
sueño perturbador que se escondía en tu inconsciente.
La similitud es tan profunda que
implica compartir el amor, la vida, la mente; es ser verdaderamente iguales.
¿Aburrido? Para nada. Uno se maravilla con cada experiencia personal; cuando el
otro ser te la relata, es como si la estuvieras viviendo tú mismo. Una sincronización
de almas perfecta...
No obstante, hallar esta mitad
también conlleva sus desafíos. Puede llevar a la locura y enterrar la propia
existencia. La obsesión puede ser tan intensa que desvíe el camino correcto.
Anhelar tanto la totalidad de esa persona puede sumirte en una pesadilla
interminable... Aun así, es en ese caos donde también encontramos la
oportunidad de crecer, de aprender a equilibrar el amor propio con el amor
compartido, y de descubrir la belleza de dos almas que, aunque unidas,
mantienen su individualidad. Es en esta dualidad donde reside la riqueza de la
conexión verdadera.







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