lunes, 30 de marzo de 2026

Desgarro...

A diario pareciera que la vida va perdiendo el sentido, a diario pareciera que el botón de detenerse se rompió hace más de un año. Las paredes de la habitación sofocan el alma en todo su blanco esplendor: vacía, sin nada, limpia, pura, reluciente de falta de entendimiento y raciocinio, lista para ser manchada, escrita. Aun así, los dedos duelen, la muñeca molesta, cada movimiento arrastra ese dolor espantoso de volver a crear, de volver a sentir, de volver a explicar.

Y entonces te hundes en los narcóticos, narcóticos legales, que van apagando poco a poco la ilusión de existir, de vivir, que apagan la llama y dejan esa sensación de seguir viviendo por vivir, seguir por seguir, con metas inventadas por mentes opacas, por silencios del alma, por café derramado sobre un diario de vida con páginas arrancadas, destrozadas en tinta, en lágrimas, en sangre, en sudor y en dolor.

El mundo desgarra cada partícula de los seres, rasguña la piel, atraviesa los músculos y tritura los huesos hasta llegar al alma, al pecho, a eso que no podemos ver pero que nos mantiene respirando, eso que nos ata, que nos obliga a seguir existiendo. Y ahí estás, despedazada, incrustada en diamantes de lágrimas, en plegarias al destino, en la búsqueda de un respiro para dejar de sentir la agonía de abrir los ojos cada mañana, de levantar la vista y tratar de encontrar algún sentido.

Buscar amor en lo cotidiano, en los detalles, en mi cabello suave, en mis largas pestañas, en mis labios rosados, en mis mejillas llenas, en esa sonrisa tan hermosa que incluso rompe los espejos de los sueños de los hombres.

Aun llena de narcóticos, aun conteniendo un cuerpo que quiere escapar, el sentir sigue siendo intenso, el respirar sigue siendo real, y aun así el ser sigue siendo puro en su esencia, en su etapa de encontrarse, de buscarse y de sobrevivir. Tormentas, avalanchas, dolores que recorren el cuerpo, pérdida de vida, de brillo… y aun así seguimos intentando, Dios, seguimos intentando que las personas sobrevivan a la desdicha misma de vivir en este mundo, cuando estamos alejados de todo lo que nos hace vibrar, de todo lo que nos hace amar.

Seguimos intentando llegar más lejos… pero si decides abandonarnos, también lo aceptaremos, porque no hay mayor infierno que estar en este cielo.




viernes, 27 de marzo de 2026

Ambigüedad humana

¿Por qué el ser humano idealiza?

Me lo he preguntado una y mil veces.
¿Por qué? ¿Para qué? ¿No son también hermosos ciertos defectos? Bueno, seré sincera: no todos. Pero lamentablemente no somos perfectos, y aun así merecemos un amor que nos quiera tal como somos, sin etiquetas, sin embellecimientos forzados, sin moldearnos a la imagen que otros desean ver.

Existe una tendencia constante a pulir la realidad hasta volverla tolerable. Idealizamos porque tememos mirar de frente lo que somos. El ser humano puede ser cruel, despiadado, incluso aterrador; una bestia con inteligencia, una bestia revestida de “valores”, “ética” y “moral”. ¿Por qué insistimos en creer que somos lo opuesto?

Desde pequeños nos narran historias de dos bandos: el bien y el mal. Y casi siempre vence el bien. Pero la realidad no funciona como un cuento. No somos buenos ni malos en términos absolutos; somos capaces de actos profundamente morales y, al mismo tiempo, de decisiones brutalmente egoístas. Habitamos esa ambigüedad.

Quizás idealizamos para soportarnos. Para no enfrentarnos a la crudeza de lo humano. Para no aceptar que convivimos con contradicciones constantes. Lo que nos enseñan, lo que nos pintan y escriben, suaviza lo inhumano que también nos habita. Tal vez sea una forma de control. Tal vez sea simplemente miedo colectivo.

Y aquí estamos, todos, luchando guerras internas que creemos externas, intentando sostener una narrativa que nos permita sentirnos coherentes. Desesperados por encontrar sentido.

Pero déjame intentar algo distinto.

Son las nueve de la mañana. La luz entra por la ventana y te ilumina el rostro mientras duermes. Debo admitir que no te ves tan perfecto como quisiera cuando abres los ojos con el ceño levemente fruncido. Sin embargo, observo cada detalle: tu mandíbula, el contorno de tus labios, tu barba, la forma de tu nariz, las pestañas oscuras, esos ojos atentos que siempre parecen analizar el mundo incluso cuando descansan.

Escucho tu respiración, suave, acompasada. Hay algo profundamente humano en ese instante. Nada heroico, nada idealizado. Solo un cuerpo vivo, vulnerable, entregado al descanso.

Sé que no somos perfectos. Sé que nunca lo seremos. Pero estos amaneceres los guardaré dentro de mí como se guarda una verdad sencilla: el amor no es perfección, es presencia.

Y llegará un día en que abra los ojos y solo vea un techo blanco, o un cielo azul sin compañía. Un vacío inevitable. Por eso este momento, imperfecto y real, es suficiente.





miércoles, 4 de marzo de 2026

El ecosistema del sentir

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que escribí. Me encuentro en un proceso creativo para poder compartir con ustedes uno de los capítulos de mi vida, pero hoy siento la necesidad de expresar un poco de esta imaginación que a diario no deja de volar, de crear, de sentir. No se detiene; todo lo quiere llevar más allá. Es como si respirar dependiera de ello.


¿Y saben algo? Me encanta. Me fascina.


Sólo el tiempo irá diciendo cómo vamos construyendo nuestros pasos, nuestro camino, nuestros sueños. No bajen los brazos. Quien lo dice quizá no es la persona más indicada, pero no lo hagan: hay más luz dentro de esta oscuridad de la que los demonios de nuestra alma pueden manejar.


Hoy vengo un poco nostálgica, romántica, enamorada de los recuerdos de vidas pasadas. Añoro deseos prohibidos, sueños de un tiempo en que aún no nacía a la vida humana. Esos sueños, esas historias donde cada sensación, cada existir, cada movimiento, cada roce imperceptible creaba existencia y calor; creaba un mundo efímero y real que poco a poco se transformaba en universos, galaxias, planetas y, finalmente, en ecosistemas independientes.

Magia pura. Hermosamente magia.

Algunos más testarudos lo llamarán ciencia. Pero para mí es magia. El mundo, el universo, es mágico. Y el ser humano es aún más esplendoroso y maravilloso.

No es que los ame a todos, pero los admiro. Los admiro por su capacidad de generar vida, destrucción, movimiento. Un gesto tan sutil, tan efímero, puede hacer temblar la tierra, provocar que los mares rompan en llanto y que el cielo se revuelque en las capas invisibles en las que solemos respirar y existir.

Es fantástico el sentir humano. Nuestros cuerpos están hechos para palpitar, para temblar, para articular movimiento y concentrar emociones tan intensas que incluso podrían extinguirnos.

¿No les parece mágico que estos cuerpos logren tantas conexiones, tanto sentir? Aunque no queramos o intentemos ocultarlo, esa es nuestra esencia. Para eso existimos: para sentir más allá, para experimentar cada emoción, cada sentimiento, cada dolor, cada alegría, cada instante de paz, amor u odio.

Y en cada uno de nosotros todo es distinto. Es un mundo exquisito lleno de matices, de colores, de olores; a veces incluso en blanco y negro, donde habitan las sombras, o en tonos sepia que parecen recuerdos antiguos.

Dios santo, es un cuadro tan hermoso.

Si tan sólo pudieran sentirlo o verlo como yo, estarían fascinados, amando y odiando al mismo tiempo nuestra realidad.

Y aquí es donde comienzo a hundirme en sueños. Imagino esos amores únicos, intensos, hermosos y dolorosos; amores a carne viva, heridas que permanecen abiertas por el resto del tiempo que nos queda en estas almas.

Esas almas que, cuando se encuentran, pierden la cordura de la realidad. Amantes del fuego, de la tierra, del agua y del aire: un ecosistema complejo y único.

Historias fantásticas que muchas veces jamás se realizan del todo, que no culminan como deberían, que terminan lejos… pero que nos muestran lo más hermoso del dolor: lo que realmente significa amar.

Ver a alguien sonreír al otro lado de la esquina y sentir que el corazón se rompe mientras grita en silencio:

“Vuelve… vuelve a mí. Sin ti, los recuerdos y la memoria no son más que páginas vacías.”

¿Por qué no podemos romper esos estigmas tan de novela, tan reales y a la vez tan absurdos?

Amemos. Permitámonos amar.

¿Qué harías si hoy te dijeran que tienes una enfermedad terminal y sólo unos meses de vida?

¿Los buscarías? ¿Disfrutarías cada instante creando memorias únicas y hermosas?

¿O te hundirías en tu propio amor, en ti mismo, en tus sueños?

La vida, a ratos, es hermosa e incomprensible.

El dolor también hay que aprender a amarlo y aceptarlo, como nos aceptamos a nosotros mismos.


Gracias por permitirme seguir aquí.





S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...