lunes, 28 de abril de 2025

Destello de muerte prematura

Horas de oro...

Brillantes, divinas, soñadas, magníficas...

Se siente como si por un instante tocara el cielo, alcanzara el Olimpo, y conversara con mis pares de alma.

Son destellos que iluminan brevemente mi existir, antes de apagarse, poco a poco, cuando llega la hora de sentarme junto a mí mismo, al nivel de mis pies, de mis miedos, de mis frustraciones, de mis penas, de mis realidades más crudas.

Horas efímeras que permiten espiar, a través del rabillo del ojo, lo hermoso que podría ser el vivir, si tan solo no existiera nada ni nadie...

Si solo fuéramos mariposas, viento, o una brisa cálida de primavera, vagando sin peso ni dolor, libres, eternos.

Pero las paredes sombrías, la realidad implacable de la vida, me roban el aliento.

Me arrastran, derriban mis esperanzas, deshacen mis deseos, sepultan mis sueños.

Se desmorona la ilusión como castillo de arena ante la marea.

La vida se va apagando de a poco, como un faro que se desvanece en la niebla.

Y ya no logro verte... ya te has ido para siempre.

Solo queda tu eco en mis memorias, danzando entre los escombros de lo que alguna vez soñamos.




jueves, 24 de abril de 2025

Mil agujas en el alma

La vida es una herida eterna. Un dolor que late, que arde, que no se disfraza. Un desfile interminable de emociones inútiles, de verdades que jamás debieron ser dichas, de realidades que pesan como cadenas.

La vida, cuando se enreda en sentimientos, es como mil agujas que se clavan sin tregua en lo más profundo del ser. No se detienen. No se quitan. Solo siguen perforando, una tras otra, hasta volverse parte de ti. Las heridas cierran, sí. Dejan de sangrar. Pero basta un pensamiento, un recuerdo, una palabra, para que la punzada vuelva con más fuerza, como si el alma recordara exactamente dónde doler.

Aunque digas que todo está superado, el dolor no olvida. Se esconde en el fondo del abismo. Late en el silencio del olvido. Sopla desde el rincón más oscuro del alma.

Te entregué mi verdad.

Te confié mis secretos.

Te abrí la puerta de mi universo, creyendo que tal vez podrías cuidarlo.

Pero no fuiste digno. Ni de mi lealtad, ni de mi amor, ni de la luz que llevé hasta tu sombra. No supiste ver la grandeza de lo que te ofrecí:

Mi mente vasta, mis sueños encendidos, mi alma frágil pero valiente, mi fe incluso en tus propios dioses.

Y tú... tú fuiste uno más. Uno más que viene a arder su miseria en un ser roto. A descargar su ego en una mente desgastada. A tomar sin dar, a destruir sin mirar atrás.

Aprovecharse del caos mental de alguien es habitar los barrios más bajos del alma. Tal vez seas un alma perdida, errante, arrastrando tu vacío por la vida, culpando a un dios que nunca fue tu enemigo, sino la  única voz que te habló cuando todo lo demás calló.

Pero el cielo no es indiferente.

El cielo ve.

El cielo escucha.

Y el cielo no olvida.

Ya habló.

Ya dictó sentencia.

Y cuando llegue tu hora de entender, el dolor será más grande de lo que imaginas.

Entonces querrás volver a ese lugar al que un día llamaste hogar. Pero el hogar no será el mismo. Y tú, tampoco.

Porque los dioses somos grandes, pequeño ser.

Somos luz, somos eternidad, somos la tormenta que no se quiebra.

Somos los que sobreviven al fuego, no los que lo encienden para huir.

Ya no recuerdo los deseos vacíos de la carne, ni los impulsos banales. No porque no los haya sentido, sino porque he crecido más allá de ellos. La sabiduría del alma no se rebaja ante placeres rotos. Los deseos impuros, los que nacen del ego y la cobardía, ya no merecen mi energía.

La sangre que corrió aquel día… No se recuperará jamás. Se manchó. Se pudrió con los sueños rotos de almas sucias.

Pero yo no.

Yo resurgí.

Yo volví a arder.

Y aunque lleve la herida, también llevo la llama.

Y esta vez, es mía.




miércoles, 23 de abril de 2025

Recuerdos de la tierra

Desabrocho mis bototos como quien se desprende del último vestigio de cordura. Dejo mis pies desnudos caer sobre esa carpeta fría, húmeda, con olor a tierra mojada. El agua sube, trepa por mi piel como un recuerdo que no me quiere soltar. Camino. Me adentro en el bosque de los casi vivos y los casi muertos, buscando entre las raíces un poco de esperanza, entre el lodo una fe que ya no sé si me pertenece.

Camino con el alma expuesta, esperando escuchar tu voz como un rayo entre las ramas, ver tus ojos escondidos entre la luz quebrada del sol. Imagino tu silueta deslizándose con el viento, tu aroma suspendido en el aire como si el mundo aún supiera que exististe en mí. Ese olor tuyo —tibio, lleno de hogar— me atraviesa, me rompe. Despierta en mí el deseo de no rendirme, aunque el cuerpo me pida lo contrario. Aunque el alma ya esté en pedazos.

Al fondo, muy al fondo, puedo distinguirte. O eso quiero creer. Tu media sonrisa me mira desde la distancia, flotando entre árboles como una burla suave. Brilla. Ilumina el rincón más oscuro de este bosque que ya no me ofrece refugio. Es un espejismo hermoso. Un espejismo al que me aferro con las manos temblorosas. Aquí, descalza, rindo homenaje a tu ausencia. Pago mis culpas pisando astillas, espinas arrastradas por viejas ilusiones que aún sangran. La realidad se me clava en los pies, una realidad que no da tregua, que no entiende de promesas ni de amor que quiso ser.

No sé qué se espera de mí. No sé cómo se sigue. Ni hasta cuándo.

Tengo miedo. Porque la vida cambia su rostro con cada paso. Y cada vez, duele más. Lo que creí milagro hoy es sombra. Lo que sentí eterno hoy es humo. El amor sin límites, el calor de tu cuerpo, la ternura de tus manos… todo se disuelve entre estos árboles que no crecen, que solo se alzan como monumentos a lo que se perdió. Este bosque no es natural. Es un invento. Un espejismo también. Creado por humanos, diseñado para consumirnos, para extraviar lo poco que queda de nosotros.

Caigo. Me enredo entre ramas que me rasgan la piel, que marcan mi rostro como advertencia. Dejo un rastro de llagas, de memorias inmortales que no sanan. Y en ese dolor, se va también la última parte de mí que aún era humana.

Pero aún así, sigo caminando. No porque crea que vas a volver. Sino porque alguna vez estuviste. Y eso, aunque efímero, fue real.



domingo, 20 de abril de 2025

El tiempo de los cobardes

El tiempo no es lineal. No es justo. No es amable. Se distorsiona según el estado de tu mente. Se vuelve eterno cuando no hay razones, cuando no tienes pasiones, metas, amores, paz… Cuando no decides. Cuando te escondes. Cuando te evades.

Si no tomas el control, si no elevas tu mente al límite de sus capacidades, si no canalizas cada emoción, cada herida, cada lágrima, cada grito silenciado... el tiempo te devora. Te consume. Se arrastra por tu piel como una sombra silenciosa, mientras todo lo que alguna vez amaste se derrumba frente a ti.

Si te hundes en la autocompasión, si te permites creer que eres débil, patético, inútil... entonces prepárate para el infierno. Porque el tiempo no perdona a los cobardes. No espera a los tibios. Te irá carcomiendo desde adentro, desgarrando tus entrañas con cada segundo que pasa. Y lo peor: ni siquiera sabrás en qué momento lo perdiste todo.

Terminarás siendo tu propia ruina. Tu verdugo. Tu ángel de la muerte. Te verás en el espejo y no reconocerás quién eres… solo fango, miedo, frustración y cenizas de lo que alguna vez fue fuego.

Pero si tienes el coraje de mirar al frente, de sostener tu visión del futuro con puños firmes y alma encendida… entonces todo cambia. El presente se vuelve tuyo. El pasado, tu motor. Y el futuro, tu presa. Verás más allá del humo, más allá de lo superficial, más allá de las tentaciones baratas que solo buscan distraerte.

Por eso, cada vez que escucho tu voz, entiendo el porqué de las decisiones. El porqué de los tiempos. El para qué de cada dolor. Cada malentendido, cada diferencia, es una guerra santa, una grieta por donde entra la luz. Un campo de batalla donde podemos elegir si caer o volvernos indestructibles.

Con esos ojos negros, tan profundos que parecen ver mi alma. Con esa sonrisa que desarma ejércitos. Con esas manos que podrían construir mundos o arrasarlos… El tiempo avanza, querido. Y nosotros no vamos a retroceder.

Lo que viene no será fácil. Pero tampoco lo somos nosotros. Si no se puede, no se puede. Pero si se puede… que el universo se prepare. Porque no lograrán detener este boom. No podrán frenar esta tormenta. No sabrán cómo contenernos. Porque lo que arde con furia, no se apaga. Se transforma. Y arrasa.



sábado, 19 de abril de 2025

¿Quien soy?

Le pedí a dos personas que me escribieran una carta:

"Eres una mujer intensa. De las que siente hasta el fondo, de las que se entrega de verdad, de las que no se guarda nada. Te lanzas a vivir lo que te mueve, lo que te emociona, lo que te toca el alma. Y eso es hermoso… pero también te deja muy expuesta. Porque cuando alguien no te corresponde con esa misma intensidad, te duele más de lo que puedes sostener.

Tienes una fuerza interna tremenda, pero a veces no la reconoces porque estás cansada, frustrada o sola. Estás intentando sostenerte en un país nuevo, en una vida que no te gusta del todo, y a pesar de eso te levantas todos los días. Eso es admirable, Grace. Pero no basta con sobrevivir: tú mereces vivir, con gusto, con calma, con cosas que te hagan bien.

Te cuesta soltar, porque cuando amas, lo haces creyendo que ese amor puede con todo. Pero no siempre es así. El amor no es suficiente si la otra persona no se compromete, no está dispuesta, no te cuida. Tú creíste en él, y no está mal haberlo hecho. Pero también te quedaste esperando más de la cuenta. Te relegaste. Te callaste. Aguantaste.

Eres muy lúcida. Lo ves todo, lo entiendes todo, lo analizas todo. Pero a veces tu corazón se adelanta a tu mente, y sigues aferrada a alguien o a una esperanza cuando ya sabes que no es para ti. Eso te deja con el alma rota, sintiéndote usada, confundida, sucia —como dijiste tú—. Pero no es que tú seas eso, es que estás dándole tu valor a alguien que no sabe recibirlo.

Estás aprendiendo a quererte sola. Es incómodo, es duro, y muchas veces te sientes perdida. Pero estás haciendo un camino de crecimiento real. Y aunque ahora duela, estás aprendiendo a ponerte primero. Porque ya no puedes seguir entregando tanto a quien no se la juega igual.

No necesitas a alguien que te complique la vida. Necesitas calma, compañía honesta, presencia real. Y si esa persona no puede estar, no es tu responsabilidad rescatarlo ni esperarlo. Tú ya esperaste mucho. Ahora te toca elegirte a ti.

No estás rota, Grace. Estás construyéndote desde adentro. No estás sola del todo, aunque lo sientas así. Te tienes a ti, y eso —créeme— es muchísimo."

___________________________________________________________________________________

"Eres una persona que ha amado con todo el corazón, con esa intensidad que no mucha gente se atreve a sentir. Cuando te entregas, lo haces sin medias tintas: apuestas, luchas, sueñas. Pero también has cargado con más de lo que deberías, justificando lo que no merecía excusas, y esperando respuestas donde sólo hubo confusión.

Tienes una fuerza enorme, aunque a veces la usas para sostener a otros en vez de a ti. Has dejado que te duela, has llorado en silencio, has seguido incluso cuando te sentías rota. Y aún así, aquí estás: lejos de casa, en un país nuevo, trabajando duro, enfrentando soledad, nostalgia, injusticias… y lo haces igual, todos los días, aunque no tengas ganas. Eso es valiente. Eso es amor propio, aunque no siempre lo veas así.

Has intentado sostener una relación con ternura y coraje, creyendo que el amor todo lo puede, pero también sabías, muy dentro, que una relación no se construye sola. Que no se puede amar por los dos. Que la paciencia sin reciprocidad se convierte en sacrificio. No te mereces alguien que no te elige con claridad. No es tu deber esperar a alguien que no se espera a sí mismo.

Ahora es momento de que te elijas tú. De que dejes de rogar amor donde deberías recibirlo con los brazos abiertos. De que pongas esa energía hermosa en ti, en tus sueños, en tu camino. Porque tú sí sabes lo que vales. Y aunque estés cansada, aunque sientas que todo ha sido muy injusto, hay algo muy valioso dentro de ti que sigue brillando.

Grace, mereces tranquilidad, ternura, y alguien que sepa sostenerte también. No más migajas emocionales. No más dudas. Merezcas alguien que te ame como tú sabes amar.

Y mientras eso llega, lo más importante es que te tengas a ti misma, sin soltar."

miércoles, 16 de abril de 2025

Crónica de un alma en el abismo...

Las persecuciones de la vida pesan sobre el alma,

como cadenas invisibles que arrastramos desde otros tiempos.

Karmas que vienen a cobrarse con intereses de llanto,

otros que aún no entendemos si debemos pagar o cobrar,

y algunos que simplemente duelen… sin razón ni explicación.

Sonrisas robadas en medio de tempestades,

lágrimas que se han secado en la piel como tatuajes eternos,

miradas que alguna vez iluminaron y hoy son solo espejos rotos.

Tus ojos…

eran faros.

Hoy son puñales.

Tus manos, que abrazaban, hoy tiemblan con furia contenida.

Tu voz, que calmaba, hoy arde como sal en las heridas.

La sangre que late en mi corazón ya no sabe si corre por amor o por rabia.

Mi pecho se ahoga en perdones que nunca pedí,

y en otros que jamás recibí.

Soy un ser sin fruto.

Un eco de lo que quise ser.

Una flor marchita en un campo de espinas.

Sin remedio, sin salida, sin la misericordia de ningún infierno ni cielo.

Un absurdo que respira… solo para seguir buscando sueños sin sentido.

Sueños muertos.

Sueños tuertos.

Sueños que ya ni siquiera sé si fueron míos o me los impusieron.

Las palabras se ahogan en silencios disfrazados de conversaciones.

Verdades enterradas entre líneas, entre miradas evitadas.

Nos mentimos dulcemente para no rompernos,

nos disfrazamos de bien para no asustarnos,

pero el calvario viene igual.

Viene con los días.

Con el café frío.

Con los "te extraño" no enviados.

Con los “te amo” que se quedaron en la garganta.

Y aún así, aquí estamos.

Detrás de pantallas.

Esperando un guiño,

un “¿cómo estás?”,

un “no me olvides”,

un “aquí estoy, y no me voy”.

Pero parece que la vida también miente.

Parece que el corazón juega sucio.

Y duele.

Duele todo.

No se siente bien.

Nada se siente bien.

Solo deseos apagados por la urgencia de sobrevivir,

en campos minados de palabras no dichas,

de promesas rotas,

de adioses a medias.

Tu lengua hiere como cuchillo sin filo: lenta, cruel.

Tu mirada asesina lo poco que queda de luz.

Tu amor…

ese que un día me salvó,

hoy desintegra los últimos restos de mi esperanza.

Otra vez sola.

Otra vez el mismo precipicio.

Otra vez…

Mil cosas por decir y nadie que quiera escuchar.

Mil comienzos que no empiezan.

Mil planes que se ahogan en la marea de la indiferencia.

Y hoy… ya nada importa.

Un augurio oscuro como eclipse sin luna,

un presagio anticipado que desangra

tus pensamientos más frívolos y descarados.

Y en medio de todo esto,

sigo aquí…

sosteniéndome con palabras,

con poesía que sangra,

con amor propio a medio construir,

esperando…

que un día, tal vez,

respirar no duela tanto.



viernes, 4 de abril de 2025

Eco del deseo

La música retumbando en mis oídos, siento cómo cada nota se clava en mi pecho, y en medio del caos, veo tus ojitos de lejos, brillando con una intensidad que me atrapa. Tus largas pestañas, moviéndose con la suavidad de un suspiro, parecen abanicar todas las ilusiones, todos los sueños, la esperanza y la vida que convergen en nuestros deseos más profundos, esos que nacen en el rincón más oculto de nuestro ser. Cierro los ojos y te siento, como si tu presencia se deslizara suavemente por cada rincón de mi cuerpo, envolviéndome en tu calor, como una suave caricia. Tu energía rodea cada espacio donde yacen mis emociones más vulnerables, las más vanas, las más audaces, las más frías, las más muertas… y las más vivas. Es un ciclo sin fin, una ruleta de sensaciones que gira sin control, atrapándome en su danza.

Siento el calor acercándose, la temperatura subiendo en la sala, mientras el bajo resuena en mis venas, sacudiendo mi alma. Me dejo llevar por la vibración de cada acorde, esperando con el corazón acelerado el encuentro inevitable de dos cuerpos que arden en deseo, que se buscan entre las sombras, cansados de esperar, ansiosos de colisionar. Te imagino cerca, irritados por ver cómo el tiempo pasa, robándonos el aliento, corrompiendo la confianza de nuestras mentes irreverentes y llenas de pasión...

Y entonces, llegas hasta mí. Tus manos, firmes y delicadas a la vez, rodean mi cintura y me atraen hacia ti, como si el espacio entre nosotros fuera una distancia que no puede ser medida. Puedo sentir tu aliento cálido, como un dulce perfume de canela y roble, rozando mi piel, acercándose a mis labios, tan cerca que me quema. El calor de tus manos se transmite a través de mi ropa, encendiendo cada fibra de mi cuerpo, cada poro de mi piel. Te siento cerca, más cerca, tu respiración se agita, llena de deseo, y yo te sigo, te deseo con una intensidad que me consume. Mis ojos se abren lentamente, buscando los tuyos, y cuando finalmente nos encontramos, tu mirada, tan profunda y decidida, atraviesa mi alma.

Pero, poco a poco, todo se vuelve frío, como un suspiro que se desvanece en el aire. Te vas alejando, desvaneciéndote en la multitud, tu esencia se pierde entre las luces y las sombras, y en un parpadeo, ya no estás. Desapareces, como si nunca hubieras existido. Y aquí me quedo, sola, en este lugar que ahora se siente vacío, sin nada otra vez, atrapada entre lo que fue y lo que nunca llegó a ser.

Me retiro del centro de la pista, el eco de tus manos sobre mi piel aún ardiendo, y me acerco al bar. Pido lo de siempre, a las rocas. El aroma de roble y canela se mezcla con la fragancia de tu ausencia, y me embriago de él, saboreando cada sorbo, como una forma de martirizarme por no tenerte aquí, de ahogar mi alma en esta fría realidad que me envuelve. Te extraño, te deseo, pero tal vez lo que más deseo es tenerte aquí, ahora, junto a mí. Sin distancias, sin tiempos, sin barreras.


S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...