miércoles, 27 de diciembre de 2023

Realidad Difusa

La sed persiste, el calor se mantiene implacable; mis raíces de mujer exploran cada rincón de mi ser, fortaleciendo todos mis deseos y transformándolos en un poder incontenible. Pensaste que este juego sería simple, que podrías ganar desgarrando mi alma, pisoteando y destruyendo mi santuario. Pero solo permití que probaras brevemente el paraíso, no el cielo, no el Olimpo. Con tan solo migajas, controlé tus deseos, movimientos, palabras, agonías, dolor, razón. No quiero ni imaginar cómo te humillarías ante mis pies si hubieras obtenido todo.

Ninguno de ustedes resultó ser el demonio que esperaba, aquel capaz de arrebatarme el alma, aplastar la razón de mi existencia, robar el placer de vivir y morir; el que acabaría con mi cordura y haría estallar mi raciocinio. Caigo hacia atrás riendo sobre estas almohadas blancas, sumergiéndome en la locura del placer de sentirme, de unirme a mí misma; el deleite de amarse y adorarse. La paz emana de mis poros, el deseo desenfrenado de no privarme de nada, la escasa percepción de la realidad, la explosión de sentimientos, emociones, sensaciones. Desde esta posición elevada, ya no veo tu presencia.



miércoles, 20 de diciembre de 2023

El Eco incesante del recuerdo

De vez en cuando, a lo largo del día, me cuestiono si llegará el momento en que dejemos de concebirnos como seres conscientes, si alguna vez lograré eliminar completamente la existencia de esta realidad. Sueño con suprimir todo lo que he creado, inventado e imaginado. Esta farsa a la que le di personajes, vida y una historia tan rica y fascinante, un capítulo en la vida de estos seres que nunca olvidarán...

Es complicado para un ser humano olvidar, borrar; creo que nunca dejamos de reflexionar sobre esas cosas. Es como si regresaran una y otra vez cuando lo que sentimos es o fue real. Las personas nunca se desvanecen de uno, de la mente, del alma; se incrustan en la piel, se atan a ilusiones rotas y sueños perdidos, pero jamás se desvanecen. El recuerdo de la piel, del calor, del sentimiento siempre queda ahí, se sumerge, se oculta, se entierra, pero no desaparece. Cuando algo es auténtico, nunca se va, y esa es la parte dolorosa de las situaciones, de vivir, tener que aprender a vivir y seguir adelante. Es doloroso tranquilizar la mente mientras se rompe y no puede controlar el desbordamiento del sentimiento, de la herida...

Debemos aceptar que no todos poseen la misma capacidad para aceptar los errores de los demás, perdonar y apartarse del ideal ético y moral. Creo que he trascendido a un espacio abierto donde he vuelto a construir y destruir lo habitual de un ser humano común. He abierto mi mente y aceptado que todo será como deseemos, que no cometemos errores, simplemente trazamos nuestros caminos. No fallamos, no renunciamos en la vida, no fracasamos; esas palabras no existen. Solo trascendemos en experiencias y vivencias. Dentro de ellas existe el lujo de amar y sentir, el lujo de permitirnos sentir más allá, donde nuestra fragilidad queda expuesta y, al ser rota, nos enseña más de nosotros mismos, mostrándonos quiénes somos y que podemos seguir creciendo...

Continuaré esperando poder dilucidar un poco más el sentido de haber pasado por esto y el propósito que conlleva seguir aquí...







domingo, 17 de diciembre de 2023

Floración en el infierno

El ocaso anuncia el cierre del día; el ambiente se torna húmedo. Comienzo a necesitarte, a llamarte en susurros, evoco el sentir. Me levanto y me acerco hacia donde reposas; te contemplo con codicia y deseo. Dirijo la mirada hacia una esquina; allí yace el lazo de cuero, dispuesto a intensificar las sensaciones. Tomó el lazo, me siento en el borde de la cama, amarró mi brazo y permito que ingreses en mí. Siento cómo el "speedballing" colma de calor cada vena de mi cuerpo, cada partícula de él. Experimento el calor, percibo cómo sofocas la agonía de existir, extinguir el dolor y eliminar los errores del pasado. El cuerpo cede, me sumerjo en este profundo sueño del placer y...

"Me incorporo de golpe en este lago, luchando por respirar. Al abrir los ojos, me encuentro en medio de un bosque, donde los rayos del sol acarician suavemente mi rostro, reflejándose en cada gota que cae por mis labios y cabello. Siento la calidez de la primavera, percibo el embriagador aroma de las flores y escucho el suave murmullo de los insectos en la mañana. Con cada paso hacia la orilla, el agua disminuye, revelando el vestido rojo que se adhiere a mi cuerpo, a mi figura desnuda. La experiencia, como espectador, debe ser extraordinariamente desbordante de locura. Cada paso deja un rastro de agua que se desvanece con la humilde brisa. Al llegar al borde, siento el placer de la hierba en mis pies, mientras el aire que respiro envuelve cada parte de mi cuerpo, fluyendo y refluyendo, dejando entrever mi agitada respiración. Me arrodillo en el manto verde y húmedo, elevo los brazos y sonrío. Al darme vuelta, caigo de espaldas, recordando el ensueño que construí, las mentiras que tejí y el hermoso paisaje que imaginé. Recuerdo a la maravillosa creadora de castillos flotando en el cielo, entre las nubes, donde estábamos. Revivo la ceguera al mirar tras el sol y dejarme quemar en algo inexistente. El dolor quema, mata, pulveriza cada rincón de mi pequeño mundo. Olvidó las dificultades para llegar hasta aquí. Miento a mis sueños, a mis expectativas, generando pecados en vano. Rememoro el infierno que creé, donde volví a yacer, donde era quien reinaba y me convertí en súbdita. Me vi forzada por mis propias divagaciones a caer al fondo del abismo de dónde provenía. Olvido quién soy, olvido el placer que es tenerme, el privilegio de ser quien soy. Olvido que debo vivir la vida entendiendo el demonio dentro de mí, comprendiendo que esto es un juego y yo llevo el control..."

Voy volviendo en sí, la sed es insoportable, busco la botella de lo que sea que el demonio me haya dado para seguir muriendo y ahogándome en la agonía del placer de la adicción, la adicción a estos ángeles endemoniados que llamamos drogas... 



lunes, 11 de diciembre de 2023

Regente de Pesadillas

Las paredes retumban con gemidos de angustia, sus lamentos alimentan mi ser, mi ego, mi insaciable sed de poder. El mundo se postra a mis pies, desmoronándose mientras yo presido esta aniquilación: dolor, sufrimiento, muerte, traición y mentiras, todos convergen bajo mi reinado. Aquí, en los suburbios de lo ilegal, lo inmoral, en la ciudad de las ruinas donde nadie osa entrar, yace mi trono en este viejo sótano. Un trono en forma de un desvencijado sillón, cubierto de arañas, polvo y los despojos de recuerdos juveniles.

Sentada con el arma más letal que puede poseer un ser despiadado, un alma inerte con ojos centelleantes, ansiosos de presenciar tu perdición. Empuño un Thompson, un vestigio de la prohibición, símbolo de la decadencia que envuelve este mundo.

Aquí, acepto el trono anhelado por aquellos que me proclaman su líder en esta tierra de infieles, traidores y embusteros. El reino de las almas errantes, donde cada paso que doy es un nuevo laurel, una nueva conquista. Mis defectos y atrocidades acumuladas a lo largo de los años me convierten en una maravillosa aberración, impresionante y brillante.

Frente a mí, unas puertas dobles aguardan el día en que se abran para dar paso a aquellos que se arrastrarán, suplicando clemencia, anhelando unirse, buscando redención. Pedirán disculpas, intentarán compensar, se arrastrarán por el suelo que piso. Sin embargo, las disculpas solo sirven para elevarme a una posición más alta, otorgándome poder y gracia suficientes para permitirme los lujos de alguien sin escrúpulos.

El eco de sus súplicas resonará en este oscuro sótano, alimentando mi ego con cada palabra suplicante. El sillón, testigo silencioso de innumerables intrigas y maquinaciones, se convierte en mi trono de autoridad mientras observo con deleite cómo el mundo se desliza hacia el caos que tanto deseo. Cada grieta en las paredes narra la historia de mi ascendencia, un relato de desesperación que se entrelaza con mi reinado sombrío.

En este reino de sombras, soy la reina de la oscuridad, la arquitecta de la ruina. Mis ojos, centelleando con una mezcla de desdén y triunfo, escrutan el horizonte de destrucción que he forjado. Y mientras sostengo el Thompson con firmeza, la promesa de un imperio construido sobre el dolor y la sumisión se cierne en el aire espeso del sótano. Este trono, aunque desgastado, sigue siendo el epicentro de un poder que solo crece con cada gemido de las paredes y cada súplica desesperada que resuena en las puertas dobles que aguardan la inevitable entrada de aquellos que buscan mi favor.




Instantes Efímeros

Me quedaré aquí, en este diminuto rincón del universo, en la Tierra. Permaneceré hasta que mis propias alas vuelvan a llevarme alto, y así, poder agradecer al universo por los desafíos que he superado.

Este escenario es tan exquisitamente hermoso y singular, como si estuviéramos en el Edén, un paraíso terrenal. El océano se despliega como un espejo apacible, un extenso tapiz donde el cielo observa la inmensidad irracional de la perfección. Aquí estamos tú y yo, observándonos intensamente, como pequeñas imperfecciones en este espejo perfecto, en esta ilusión. Mis pies flotan sobre asientos de nubes blancas, una de ellas ha decidido acoger a un alma errante, abrazando y vistiendo mi esencia desnuda, tan blanca como ella.

Bajo la cálida luz del sol que empapa cada rizo dorado, la brisa mece mi frágil sueño y me inunda con un sentimiento único de pertenencia, la libertad de ser uno con el mundo. Cortamos las cadenas que nos atan a una vida consumista y aberrante. Aquí, puedo sentir a mi y a esté esponjoso ser de la vida; no necesito más. Todo se siente completo, sin excesos ni carencias. Solo mi reflejo y yo, nadie más en esta inmensidad del mundo, al borde del egocentrismo.

En este mágico instante, el tiempo parece detenerse, permitiéndonos saborear la quietud del universo. Cada suspiro se funde con la melodía de las olas y el suave susurro de la brisa, creando una sinfonía que solo el alma puede comprender. Y así, en este pequeño rincón de eternidad, nos encontramos, abrazados por la majestuosidad del cosmos, celebrando la conexión única entre la naturaleza y nuestra esencia. Aquí, en este edén efímero, somos testigos de la maravilla de existir, agradeciendo al universo por el regalo de la vida y la capacidad de apreciar su inigualable belleza.



domingo, 3 de diciembre de 2023

Fuego en tus manos

Las nubes se ciernen amenazantes, como si estuvieran a punto de despedazar en mil pedazos las almas tristes que llevan consigo. En su regazo, cargan las penas de cada estado, de cada estación, de cada rincón donde se desvanecieron los sueños e ilusiones rotas. El frío se infiltra en cada rincón, en cada alma, penetrando los cuerpos moribundos e inertes de los seres humanos, palpando sus manos, sus dedos, su nuca, su espalda, su corazón.

Una calle empedrada se despliega ante mis ojos, y al fondo diviso a una joven. Su vestido floreado de un azul celeste, largo hasta debajo de las rodillas, se ajusta a su cuerpo, delineando cada rincón. Aunque descalza, sus pies parecen ilesos. El color ha abandonado su cabello, tiñéndose de negro por cada gota que resbala. Labios cereza y ojos grises como el cielo. Esta tormenta arrastra consigo un sinnúmero de presagios, duros, dolorosos, incomprensibles.

En su mano derecha sostiene una copa rota, teñida por la sangre de sus labios y dedos. En la izquierda, la botella de vino más denigrante del almacén. Camino con paso firme, vislumbrándote al final de este diluvio. Dijiste que nunca te cruzarías en mi camino, que jamás te rebajarías a estar frente a este ser sediento de poder, de venganzas, de dolor, de placer. Una sonrisa desdeñosa se dibuja en mi boca, una mezcla de dolor y comprensión ante tu limitado raciocinio humano.

Llevo la copa a mis labios, sintiendo el dolor placentero al rozar el vidrio con mi piel, rompiendo lentamente la fina capa. En un arrebato de lujuria intensa, lanzo lo que queda de la copa contra la pared de un edificio en ruinas, manteniendo la botella a salvo. Me acerco a una ventana enrejada y, con un movimiento suave, la convierto en mil pedazos, transformándola en un hermoso pincel para pintar tu rostro de un rojo intenso.

Cada vez más cerca, casi frente a mí, desenfundas una Mauser C-96 a un paso de mi cuerpo, presionándola contra mi pecho izquierdo, lista para enviar esta alma inerte al infierno. Acerco mi rostro al tuyo y, al unísono, levanto mi mano izquierda, trazando una fina línea roja en tu hermoso rostro. Nuestros alientos se entrelazan, los deseos perturban nuestras mentes asesinas. Arrojas el arma al suelo, suelto la botella. Me levantas de la cintura y me colocas contra la pared, mis piernas abrazan tus caderas, la lluvia se siente tibia. Abrazo tus hombros y cuello, pegando mi frente a la tuya. El deseo, el placer...





S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...