Tenerlo todo y al mismo tiempo no tener nada...
Otra vez, el sentido se
desvanece. A pesar de poseer todo, el vacío interno es desolador. No logras
sentir nada: ni emociones, ni deseos, ni nada. Todo se despierta por unas horas
y se desvanece como un recuerdo de los años dorados. La belleza parece eludirte,
volviéndose todo objetivo y frío. Así es como el ser humano comprende que lo
que hizo cuando era consciente era lo mejor, pero no todos entienden las cosas
importantes de la vida. Optan por personas equivocadas, superficiales,
materialistas, vacías, sin amor, y eso quebranta a un ser con la vida clara.
El camino sigue construyéndose,
llenando nuestras mentes con la ilusión de que entre lo material, lo
profesional y lo personal lograremos un equilibrio único y estaremos completos.
Todo resulta ser falso; eso no nos llena, no nos completa, no es suficiente.
Terminamos aburriéndonos y sumergiéndonos en la amargura de vivir de esta
manera.
Pero al final del día, todo te
asfixia. No es real; terminarás renegando de la vida misma o contemplando un
salto desde las alturas. Las preguntas sin respuestas invaden tu mente,
controlan lo que sientes. Nada es suficiente, ni las drogas fuertes ni las
emociones de vida únicas. Todo aburre, cansa, no es suficiente. Lo que vives
hoy te sofoca, te abruma, es innecesario. No estamos preparados para tanta
decepción, tanta imaginación, tanta esperanza. Simplemente, no estamos
preparados. Nos hundiremos poco a poco en la miseria que intentamos evitar.
Esta es la vida de miseria que nos dejaron, la vida que
nadie desea.
