A diario pareciera que la vida va perdiendo el sentido, a diario pareciera que el botón de detenerse se rompió hace más de un año. Las paredes de la habitación sofocan el alma en todo su blanco esplendor: vacía, sin nada, limpia, pura, reluciente de falta de entendimiento y raciocinio, lista para ser manchada, escrita. Aun así, los dedos duelen, la muñeca molesta, cada movimiento arrastra ese dolor espantoso de volver a crear, de volver a sentir, de volver a explicar.
Y entonces te hundes en los narcóticos, narcóticos legales, que van apagando poco a poco la ilusión de existir, de vivir, que apagan la llama y dejan esa sensación de seguir viviendo por vivir, seguir por seguir, con metas inventadas por mentes opacas, por silencios del alma, por café derramado sobre un diario de vida con páginas arrancadas, destrozadas en tinta, en lágrimas, en sangre, en sudor y en dolor.
El mundo desgarra cada partícula de los seres, rasguña la piel, atraviesa los músculos y tritura los huesos hasta llegar al alma, al pecho, a eso que no podemos ver pero que nos mantiene respirando, eso que nos ata, que nos obliga a seguir existiendo. Y ahí estás, despedazada, incrustada en diamantes de lágrimas, en plegarias al destino, en la búsqueda de un respiro para dejar de sentir la agonía de abrir los ojos cada mañana, de levantar la vista y tratar de encontrar algún sentido.
Buscar amor en lo cotidiano, en los detalles, en mi cabello suave, en mis largas pestañas, en mis labios rosados, en mis mejillas llenas, en esa sonrisa tan hermosa que incluso rompe los espejos de los sueños de los hombres.
Aun llena de narcóticos, aun conteniendo un cuerpo que quiere escapar, el sentir sigue siendo intenso, el respirar sigue siendo real, y aun así el ser sigue siendo puro en su esencia, en su etapa de encontrarse, de buscarse y de sobrevivir. Tormentas, avalanchas, dolores que recorren el cuerpo, pérdida de vida, de brillo… y aun así seguimos intentando, Dios, seguimos intentando que las personas sobrevivan a la desdicha misma de vivir en este mundo, cuando estamos alejados de todo lo que nos hace vibrar, de todo lo que nos hace amar.
Seguimos intentando llegar más lejos… pero si decides abandonarnos, también lo aceptaremos, porque no hay mayor infierno que estar en este cielo.
