Parece que los dioses en el Olimpo están gritando y gruñendo. Parece que, una vez más, su creación destruye aquello que tanto les costó construir: sus reglas, su moral, su ética… el placer de lo prohibido.
Para un simple mortal es fácil cortar sus cadenas y amarras; para un mortal es sencillo abandonar sus valores, sus creencias y sus métricas por tan solo un poco del placer que ofrece su limitada mente.
No somos más que eso… seres humanos, con mentes frágiles y determinaciones falsas, arrastrados por el deseo de lo carnal y lo destructivo; por el impulso de verter en nosotros la inmundicia del engaño que alimenta nuestras propias mentes.
La tormenta era torrencial esa noche. Mis ropas estaban empapadas. En medio de la calle, con los focos parpadeantes, el agua parecía tibia… o tal vez era mi piel la que ardía tanto que el vapor se mezclaba con las gotas en el aire. Era una escena de película, una muy mala. Mis ojos, sin lágrimas, ardían como si contemplaran el infierno frente a ellos: una mirada fría, llena de rencor, de dolor, de maldad… y también de placer. Llenos de los deseos más deshonrosos del universo, rompiendo estigmas, destruyendo la vida ordinaria.
De repente comienzo a correr, tratando de alcanzar la luz dentro de tanta oscuridad… o quizás de adentrarme en la oscuridad más profunda. Mis ropas pesan. Mis piernas deben esforzarse más de lo normal. Mi cabello se adhiere a mi cuello, a mis mejillas, a mis hombros. Se sienten pesados, pero extrañamente libres. Mi cuerpo está adormecido, pero el viento me hace sentir viva.
Corro sintiendo la sangre vibrar en cada paso. Estoy volviendo a sentir la vida, volviendo a querer sentir, a ver lo hermoso dentro del horror. Estoy regresando. La sangre arde, y mi corazón desea ser tocado por el dolor y la ternura de quien sea capaz de atravesar mi barrera.
Sigo corriendo hasta llegar frente a ti. Te veo. Me detengo poco a poco. La respiración se vuelve abrumadora, me ahogo, trato de regresar a mí, y fijo mis ojos en los tuyos. Qué sinceridad… qué ingenuidad… qué mundo tan hermoso aún puedes ver a través de ellos.
Quizás me perdí más de lo que imaginaba.
Pero al menos puedo observar que aún existen seres que miran la vida con amor y esperanza.
Solo te sonrío… desde el otro lado de la vida.
Y espero que puedas mantenerte erguido frente a este asqueroso mundo que consume lo que ama.
