domingo, 3 de diciembre de 2023

Fuego en tus manos

Las nubes se ciernen amenazantes, como si estuvieran a punto de despedazar en mil pedazos las almas tristes que llevan consigo. En su regazo, cargan las penas de cada estado, de cada estación, de cada rincón donde se desvanecieron los sueños e ilusiones rotas. El frío se infiltra en cada rincón, en cada alma, penetrando los cuerpos moribundos e inertes de los seres humanos, palpando sus manos, sus dedos, su nuca, su espalda, su corazón.

Una calle empedrada se despliega ante mis ojos, y al fondo diviso a una joven. Su vestido floreado de un azul celeste, largo hasta debajo de las rodillas, se ajusta a su cuerpo, delineando cada rincón. Aunque descalza, sus pies parecen ilesos. El color ha abandonado su cabello, tiñéndose de negro por cada gota que resbala. Labios cereza y ojos grises como el cielo. Esta tormenta arrastra consigo un sinnúmero de presagios, duros, dolorosos, incomprensibles.

En su mano derecha sostiene una copa rota, teñida por la sangre de sus labios y dedos. En la izquierda, la botella de vino más denigrante del almacén. Camino con paso firme, vislumbrándote al final de este diluvio. Dijiste que nunca te cruzarías en mi camino, que jamás te rebajarías a estar frente a este ser sediento de poder, de venganzas, de dolor, de placer. Una sonrisa desdeñosa se dibuja en mi boca, una mezcla de dolor y comprensión ante tu limitado raciocinio humano.

Llevo la copa a mis labios, sintiendo el dolor placentero al rozar el vidrio con mi piel, rompiendo lentamente la fina capa. En un arrebato de lujuria intensa, lanzo lo que queda de la copa contra la pared de un edificio en ruinas, manteniendo la botella a salvo. Me acerco a una ventana enrejada y, con un movimiento suave, la convierto en mil pedazos, transformándola en un hermoso pincel para pintar tu rostro de un rojo intenso.

Cada vez más cerca, casi frente a mí, desenfundas una Mauser C-96 a un paso de mi cuerpo, presionándola contra mi pecho izquierdo, lista para enviar esta alma inerte al infierno. Acerco mi rostro al tuyo y, al unísono, levanto mi mano izquierda, trazando una fina línea roja en tu hermoso rostro. Nuestros alientos se entrelazan, los deseos perturban nuestras mentes asesinas. Arrojas el arma al suelo, suelto la botella. Me levantas de la cintura y me colocas contra la pared, mis piernas abrazan tus caderas, la lluvia se siente tibia. Abrazo tus hombros y cuello, pegando mi frente a la tuya. El deseo, el placer...





S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...