No importa cuántas veces
intentemos esclarecer la verdad de las cosas, ni cuánta razón respalde un
argumento; siempre será insuficiente para aquellos que se nutren del
sufrimiento ajeno, que se aferran a las mentiras de su entorno y se empeñan en
ocultar la verdad.
La naturaleza humana nos impulsa
a explorar nuevas experiencias, a realizar cambios en nuestra vida, elecciones
y metas. Al menos, eso es lo que se espera en el desarrollo mental normal.
Aunque a veces resulte confuso, siempre llegamos a soñar con ello. Pero solo si
estamos dispuestos a crecer, en lugar de sumirnos y arrastrar a nuestro
entorno. Siempre hemos tenido claro lo que deseamos lograr en nuestras vidas,
incluso en medio de la confusión. Siempre sabemos qué es lo que realmente
necesitamos y queremos. ¿Por qué dañar a nuestro entorno construyendo ilusiones
efímeras, edificando castillos de arena destinados a ser barridos por el mar?
Considerarse seguro sería
engañarse a uno mismo, a nuestro espíritu, a la capacidad de razonar. Nadie
está completamente seguro de todas sus acciones, pero siempre podemos tener
certeza de que avanzar implica asumir tanto lo bueno como lo malo. ¿Por qué
entorpecer ese proceso? He sido testigo de diversos tipos de abuso psicológico
que terminan manifestándose en enfermedades físicas. Enfermedades que duelen,
que matan, perpetuando un ciclo sin fin, sin cura, con personas dependiendo de
pastillas, drogas, alcohol... ¿Por qué? ¿Por qué causar daño? ¿No es suficiente
lo que ya tenemos en nuestras vidas? ¿El placer de vivirla? ¿O acaso encuentran
gozo en atormentar mentes frágiles y soñadoras? No se puede comprender a
aquellos seres que solo viven para ello, seres rotos de alma y mente. Ni
siquiera se trata simplemente de sentir. Estos seres humanos están enfermos y
desconectados de la realidad.
"El bullicio de personas
rodea a este brillante cristal, un diamante en bruto, que espera ser escuchado
y comprendido más que admirado... pero nada. Todos observan desde lejos,
ninguno se acerca, ninguno comprende. Todos lo desprecian en lo profundo,
cuestionándose cómo puede ser tan perfecto y brillante. Debe ser falso, debe
ser mentira... un pequeño cristal, un simple cristal, juzgado injustamente por
jueces imparciales frente a su inocencia, jueces corrompidos por la envidia y el
ego... Quizás, en ese rechazo colectivo, reside la incomodidad de confrontar la
propia mediocridad ante la esencia pura y auténtica que emana de este cristal
único."
