lunes, 17 de febrero de 2025

Transformaciones del Alma

Aquí estamos de nuevo, y no hemos olvidado nuestras palabras, promesas ni pactos... He regresado con un sinfín de historias por contar, un mundo por seguir descifrando, fascinantes teorías que explorar sobre este universo, justo antes de que todo parezca desmoronarse... También llegan nuevas dudas, miedos, sueños, ilusiones, catástrofes, pero ahora son diferentes, más profundas, más allá de lo terrenal. Mi mente se adentra en parajes nuevos, que se alejan del ámbito emocional y sentimental. Lo que siento ahora es más real, más cálido, más profundo que lo de ayer.

En varias ocasiones a lo largo de mi vida, he repetido: "El amor por esa persona jamás muere". Ese amor, el que sentí por alguien en particular, nunca desaparece. Puede transformarse, puede volverse más silencioso o diferente con el tiempo, pero siempre permanece. Porque, aunque la relación cambie o se transforme, lo que sentimos sigue allí, en lo profundo. Ahora entiendo que, aunque siga amando a esa persona, lo hago de una manera diferente, desde un lugar más profundo y sereno, aceptando que el amor evoluciona con el tiempo, pero nunca desaparece por completo.

Según mi teoría, uno nunca deja de amar a otro ser porque, en algún momento, ese amor fue también el que nos tuvimos a nosotros mismos. Ese amor forma parte de nuestro ser, de nuestra historia, de lo que somos, y es imborrable, irremplazable. Puede parecer extraño, pero es real: todo sigue ahí, intacto. Lo que sucede es que, a medida que avanzamos, descubrimos un nuevo amor en nosotros mismos. Ese amor, el que crecemos y cultivamos, es el que se queda, el que transforma nuestro camino. Y así, comenzamos una nueva historia, con nuevos sueños, nuevas metas.

He dedicado más de un año a trabajar en este amor, y sin duda, es el más hermoso que he experimentado. Es el amor que quiero llevar conmigo para siempre, porque a través de él seré capaz de entregar mi ser completo y un nuevo amor. Seré capaz de amar con una profundidad, sinceridad y libertad tan grandes que, cuando todo llegue a su fin, mi capacidad de amar no se verá disminuida. En medio del dolor de la libertad, podré procesar todo lo aprendido, alimentar nuevamente mi ser, y seguir creciendo, avanzando y alcanzando nuevas alturas.

Y aunque el camino no siempre sea claro, ni el futuro predecible, sigo confiando en este amor, el que me permite abrazar tanto la luz como la oscuridad. Porque, al final, el amor verdadero no es solo lo que nos eleva, sino también lo que nos da la fuerza para enfrentarnos a la caída. Es la chispa que nos mantiene vivos, la energía que nunca deja de latir, incluso en los momentos más inciertos. Y así, mientras sigamos adelante, nunca dejaremos de amar, porque en cada paso, cada desafío, cada cambio, hay un aprendizaje que nos acerca más a nuestra esencia.



S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...