martes, 10 de septiembre de 2024

Ascenso

El tiempo en el infierno, compartiendo la existencia con demonios y entidades sombrías, endurece el alma y corrompe los pensamientos puros. Un dios de luz, erróneamente arrojado entre la sangre y la mugre de los cuerpos pecadores, renace como el santo de lo demoníaco, del sufrimiento humano y de la desesperanza más profunda. Surge como la perfección emergiendo de las llagas de lo inmundo, revelando la esencia de lo más oscuro y desesperanzador...

Este ángel, de resplandor cegador y colores tan vibrantes como la aurora boreal, posee una piel de porcelana inmaculada y ojos que son vitrales antiguos cargados de secretos oscuros. Sus cabellos, tan blancos como el oro más puro, se combinan con facciones delicadas y refinadas, acentuadas por mejillas redondas y labios carmesí. Estos labios, rebosantes de una lujuria celestial, invitan a la decadencia y la corrupción de la realidad misma.

Caminando entre llamas y huesos, atravesando la lava infernal del inframundo, asciende con una determinación implacable hacia la redención en la cima, a la tierra misma. Su misión es confrontar a cada ser que comete adulterio, homicidio, pecados capitales e inmorales. A cada uno de ellos vendrá a redimir, para luego clavar sus garras en sus gargantas, desgarrarlas y beber de la inmortalidad infinita del pecado final.

Llega para concluir el juicio final sobre un alma rota de sueños e ilusiones, viene a buscar a aquellos que deben ser castigados, a aquellos que deben ser erradicados para evitar que se cometan nuevamente tales atrocidades e injusticias. Un alma aún llena de ilusiones, sumida en la desesperación por tocar el cielo con sus alas y alientos, un alma que anhela la paz más que cualquier otro ser, una alma errante de luz que se dejó corromper para sobrevivir.

"Vuelvo por ti y por tus seres queridos, vuelvo por lo que me pertenece."



S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...