domingo, 16 de noviembre de 2025

Dualidad humana...

Pero no siempre lo es (suficiente).

Los tambores, en el fondo del alba, retumban en el alma, en la respiración, en cada oscilación de nuestras miradas. Los tambores llenan nuestros oídos y, poco a poco, se esparcen por las venas, haciendo que la sangre hierva, que la vida se sienta recorrer el cuerpo con furia. Poco a poco, perdemos la razón de ser seres vivos, de ser humanos, seres sintientes, pensantes… y nos convertimos en animales sin corazón, sin juicio, viviendo al pavor de la existencia, a los confines de los deseos más primitivos del ser.

Nos arrastramos hacia la supervivencia, hacia el anhelo desesperado de seguir respirando, despejando la vida misma hasta vislumbrar, al final del camino, una luz. Una luz que se verá manchada por tonos rojizos y negros, como vino tinto derramándose por nuestros labios y manos, como si la botella se hubiera quebrado dentro de nosotros mismos. Y en ese derrame nos perderemos, atravesando el final en busca de la eternidad, de la locura sin fin, del remordimiento viviente que nos arrastrará hasta nuestro lecho de muerte.

¿Cómo borrar este sabor metálico de la boca? ¿Cómo limpiar la tierra bajo nuestras uñas? El corazón fuera de sí, latiendo con tanta violencia que casi nos mata… ¿Cómo eliminar todo este sentir? ¿Cómo ser perdonados por nuestros futuros congéneres? ¿Nos alabarán? ¿Nos odiarán? ¿Nos entenderán?

¿Quién sabe siquiera si el tiempo continuará, o si se detendrá aquí mismo? ¿Qué importa el futuro, si nadie notará la existencia de estos seres insignificantes, llenos de mentiras y dolores, de traiciones y venenos? Nadie recordará a los que alguna vez fuimos; nadie nos honrará como soldados caídos en el frente, dando todo por ideas huecas, por fines sin sentido, sin respaldo.

Sedientos de poder, de sangre, de razón… nos desvaneceremos entre las sombras del olvido.

Nadie recordará nada.

Solo quedarán los ecos: los hombres convertidos en bestias, los corazones que latieron por última vez bajo el mismo cielo que destruyeron.

Y, sin embargo, tal vez alguien, en un futuro improbable, comprenda que necesitábamos luchar… aunque no hubiera sentido, aunque la historia se repita, aunque la sangre derramada solo haya servido para darle peso al silencio.



S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...