lunes, 5 de enero de 2026

El camino del alma, un mismo destino...

Este episodio de mi mundo profundo, de mis entrañas, es el sueño que jamás podrá ser realidad. Es un sueño efímero, doloroso e inexistente. Hoy les contaré lo que es el amor recíproco: pasión, calor, ardor y hogar. Lo que es perfecto en su imperfección de intensidades y silencios.
Hoy vengo a compartir lo que más he deseado en el alma, lo que más he anhelado: un sueño sin sentido. ¿Por qué? Porque lo que para algunos es real, para otros es fantasía; y termina siendo un precedente para no creer. El mundo es efímero y rápido, no se detiene en detalles, en sensaciones, en pasiones que signifiquen tallar un cristal con los dedos. Algo imposible… así suena. Pero con esperanza, fe y amor, siempre se podrá; y ese diamante será perfecto sin perfecciones.

El sol está bajando. Siento sus últimos rayos tocar mi rostro. El viento eleva mis cabellos dorados; siento el sabor del mar en mis labios y en mis ojos. Mis pies son besados por cada ola que respira esperanza y paz. La arena limpia suavemente mi piel de lo impura que es la vida, de lo cruel que es el mundo. Elevo la vista y respiro, viendo cómo el sol se esconde.

A un costado de este movedizo camino aparece alguien, incorporándose a mi altura. Puedo sentir su presencia. Es muy alto y fornido. El viento trae su olor: suave, como si su existencia fuera a desvanecerse, como el dulce aroma de la tierra después de la lluvia, desapareciendo a medida que los rayos del sol se apoderan de cada una de sus húmedas formas.

Con curiosidad miro por el rabillo de mis ojos azules, buscando algún indicio extraño, algún parecido a los dioses que bajan a la tierra para ver el atardecer junto a sus fieles. Un cabello negro como la noche que se aproxima, largo hasta la cintura, se mueve con la misma suavidad que mis ondas doradas. Juguetea con su perfil varonil: nariz perfecta, presencia imponente. Me siento pequeña. Me siento indefensa y protegida al mismo tiempo. Siento nostalgia… como si ese momento, finalmente, hubiese llegado.

En un parpadeo giras tu rostro hacia mí. Quedo embobada por tan repentino encanto. Giro completamente, observando cada detalle desvergonzadamente, descaradamente, sin temor, sin dudar: una mandíbula marcada, unos labios como cerezas, carnosos; unos ojos negros y profundos, como si todas mis noches vivieran en ellos.

Sonríes divertido por la situación. Una sonrisa tan sincera, tan simple, tan hermosa, tan plena.

Me percato de tu reacción entretenida ante mi descaro. Me sonrojo y escondo mi rostro torpemente entre mis manos, tratando inútilmente de ocultar mi infantil delación. Te acercas a mí y, sin palabras, tus largos dedos toman mis pequeñas y regordetas manos. Las separas de mi cara encendida y bajas la vista hasta encontrarte con mis ojos. Fijas tus pestañas oscuras, tus ojos del inframundo, tus ojos del universo, en mis torpes lapislázuli.

Sonríes dulcemente, indicándome que no debo temer, que nada de esto es extraño. Me muestras reciprocidad en mi vergüenza y en mi descaro. Te enderezas y me miras desde arriba, obligando a mis ojos a elevarse para apreciar tu cabello chocando contra tu rostro mientras los últimos rayos del sol iluminan tu piel dorada y tus labios rojos. Mis ojos brillan ante tanta belleza. Tú sigues sonriendo, sin apartar tu mirada de la mía.
Nuestras manos siguen unidas. Nuestras auras se sienten fundirse. Hay un calor fuera de lo común.

Con una de tus manos acaricias mis pomposas mejillas. Se siente como una brisa suave que acaricia mi mundo…

Han pasado miles y miles de años, y al fin podemos volver a encontrarnos frente a frente, sin nadie alrededor. Solos en esta amplia playa del mundo. Solos frente a los curiosos ojos de los terrenales. Al fin puedo sostener mi hogar y mi mundo en un solo ser. Al fin podemos descansar del estrago que causaron los malos amores de nuestras vidas.

Sonríes tan dulcemente como la última vez que te vi, antes de separarnos en aquel cuento sin fin. Pero hoy nadie nos separará.

Mientras el sol se escondía, la luna —espléndida belleza del universo— nos entregaba sus rayos plateados y permitía que nuestros labios se fundieran en un beso suave y tibio.
Un beso lleno de hogar, lleno de amor y pasión.
Un beso como entrar por primera vez en un lago de agua tibia durante un atardecer de verano.
Un beso con tintes de rocío mañanero.
Un beso suave como los pétalos de las flores.
Un beso que despertaba almas moribundas.

Y en ese beso, un abrazo en el que nos fundimos en uno. Tus grandes manos sujetaban mi pequeña cintura, y mis brazos acariciaban tu hermosa cabellera.

Amor.
Amor real.
Amor recíproco.
Amor para toda la vida.
Un amor que no está exento de la discrepancia humana, pero un amor que jamás se irá…
y que siempre te escogerá.

Aquí, enamorada de la vida.
Aquí, enamorada del amor.
Aquí, enamorada del alma.
Siempre mia y de mi universo... 



S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...