Te regalaré una pequeña historia llena de amor y fantasía, de lujuriosas miradas y de sensaciones tan terrenales que sentirás que estás en medio de la tierra, sin saber si estás muriendo o disfrutando lo que jamás debiste comprender, entre el núcleo de la creación y los secretos del universo.
La noche está despampanantemente tibia y asfixiante; brillantes estrellas y galaxias se pueden observar desde donde me encuentro. El agua es tan fría como los glaciares de tu alma y la lógica de tu mente cuando me hablas de lo que hay más allá de nuestros ojos, más allá de nuestro entendimiento, creyéndote el hombre más sabio que ha pisado la tierra y que ahora está sentado a mi lado. Así se siente esta costa del mundo: mis pies no saben si correr o asentarse; duelen, pero la suave brisa crea un placer de otro mundo, como si el dolor fuese apaciguado por los besos de la vida y el vapor de tus labios descendiendo de a poco por toda la eternidad.
Y aquí me encuentro, observando cómo cada sensación de la tierra me lleva a hundirme en las penurias de amar, en el desastroso bosquejo que intentamos crear de a poco y que se destruye con cada palabra y cada pensamiento fuera de lo justo.
Libriana por las estrellas, mujer por las raíces, romántica por los sueños y anhelos no cumplidos, justa por la venganza, hombre por los cimientos y por una mente que no me dio opción; amante por los placeres, leal por mi familia, fuerte por la vida y humana por desgracia. Dices y balbuceas más de lo normal para llegar; manipulas muy bien, me hablas de lo bueno que tengo y, cuando no, remarcas mis defectos como si naciéramos para mejorar constantemente y no para vivir. Pero no eres capaz de amar tus propios errores, tus defectos, como el sello distintivo que nos entrega la vida, las estrellas, el universo.
Piensas que vas ganando, mientras yo voy besando cada uno de ellos y haciéndolos míos, entendiendo y nutriendo mi alma con el entendimiento humano, que es lo que vine a hacer a este mundo: comprender y entender las estrellas más allá de lo profundo del océano.
Y te veo allí sentado en la arena, a mis espaldas, esperando que tu juego continúe, mirando a tu siguiente presa para devorarle el alma y nutrir tu ego. Pero corazón, la vida no es así. Estás detrás de mí… sentado, detrás de mí.
De pronto me giro y te observo desde las alturas; de a poco avanzo zigzagueando al ritmo de los latidos de tu mente, de esa melodía que creas con tus ilusiones y creaciones. Muevo mis caderas al compás de tu respirar; de a poco me incorporo frente a ti, hasta tu nivel, siempre mirando tus ojos: esos ojos profundos, atentos, esas pestañas intensas que hacen que tu mirada quede prendada en mis sueños y en mis pesadillas.
Me acerco tanto que el calor de la sangre en nuestras venas comienza a sentirse, a expandirse en el espacio-tiempo. Puedo sentir cómo tus pensamientos pierden el control, cómo crees que vas tomando el mando, cómo imaginas que todo está a tus pies.
Me gusta sentir cómo te entrego ese poder, cómo suelto la vida por un instante y cómo me recibes sin resistencia, cómo deseas más y más, desde donde estemos, desde donde nos encontremos. No olvidarás jamás esta sensación: porque se siente viva, porque se siente como amor, porque se siente como si al fin tuvieras algo entre tus manos, como si al fin hubieras encontrado lo que tanto buscaste.
Pero nada es tan fácil. Nada es color rosa. Todo tiene un precio demasiado alto. Así como se cae desde la cima, tú también tendrás que hacerte cargo de todo lo que conlleva destruir a un ser humano.
