De vez en cuando, a lo largo del
día, me cuestiono si llegará el momento en que dejemos de concebirnos como
seres conscientes, si alguna vez lograré eliminar completamente la existencia
de esta realidad. Sueño con suprimir todo lo que he creado, inventado e
imaginado. Esta farsa a la que le di personajes, vida y una historia tan rica y
fascinante, un capítulo en la vida de estos seres que nunca olvidarán...
Es complicado para un ser humano
olvidar, borrar; creo que nunca dejamos de reflexionar sobre esas cosas. Es
como si regresaran una y otra vez cuando lo que sentimos es o fue real. Las
personas nunca se desvanecen de uno, de la mente, del alma; se incrustan en la
piel, se atan a ilusiones rotas y sueños perdidos, pero jamás se desvanecen. El
recuerdo de la piel, del calor, del sentimiento siempre queda ahí, se sumerge,
se oculta, se entierra, pero no desaparece. Cuando algo es auténtico, nunca se
va, y esa es la parte dolorosa de las situaciones, de vivir, tener que aprender
a vivir y seguir adelante. Es doloroso tranquilizar la mente mientras se rompe
y no puede controlar el desbordamiento del sentimiento, de la herida...
Debemos aceptar que no todos
poseen la misma capacidad para aceptar los errores de los demás, perdonar y
apartarse del ideal ético y moral. Creo que he trascendido a un espacio abierto
donde he vuelto a construir y destruir lo habitual de un ser humano común. He
abierto mi mente y aceptado que todo será como deseemos, que no cometemos
errores, simplemente trazamos nuestros caminos. No fallamos, no renunciamos en
la vida, no fracasamos; esas palabras no existen. Solo trascendemos en
experiencias y vivencias. Dentro de ellas existe el lujo de amar y sentir, el
lujo de permitirnos sentir más allá, donde nuestra fragilidad queda expuesta y,
al ser rota, nos enseña más de nosotros mismos, mostrándonos quiénes somos y que
podemos seguir creciendo...
Continuaré esperando poder
dilucidar un poco más el sentido de haber pasado por esto y el propósito que
conlleva seguir aquí...
