miércoles, 23 de abril de 2025

Recuerdos de la tierra

Desabrocho mis bototos como quien se desprende del último vestigio de cordura. Dejo mis pies desnudos caer sobre esa carpeta fría, húmeda, con olor a tierra mojada. El agua sube, trepa por mi piel como un recuerdo que no me quiere soltar. Camino. Me adentro en el bosque de los casi vivos y los casi muertos, buscando entre las raíces un poco de esperanza, entre el lodo una fe que ya no sé si me pertenece.

Camino con el alma expuesta, esperando escuchar tu voz como un rayo entre las ramas, ver tus ojos escondidos entre la luz quebrada del sol. Imagino tu silueta deslizándose con el viento, tu aroma suspendido en el aire como si el mundo aún supiera que exististe en mí. Ese olor tuyo —tibio, lleno de hogar— me atraviesa, me rompe. Despierta en mí el deseo de no rendirme, aunque el cuerpo me pida lo contrario. Aunque el alma ya esté en pedazos.

Al fondo, muy al fondo, puedo distinguirte. O eso quiero creer. Tu media sonrisa me mira desde la distancia, flotando entre árboles como una burla suave. Brilla. Ilumina el rincón más oscuro de este bosque que ya no me ofrece refugio. Es un espejismo hermoso. Un espejismo al que me aferro con las manos temblorosas. Aquí, descalza, rindo homenaje a tu ausencia. Pago mis culpas pisando astillas, espinas arrastradas por viejas ilusiones que aún sangran. La realidad se me clava en los pies, una realidad que no da tregua, que no entiende de promesas ni de amor que quiso ser.

No sé qué se espera de mí. No sé cómo se sigue. Ni hasta cuándo.

Tengo miedo. Porque la vida cambia su rostro con cada paso. Y cada vez, duele más. Lo que creí milagro hoy es sombra. Lo que sentí eterno hoy es humo. El amor sin límites, el calor de tu cuerpo, la ternura de tus manos… todo se disuelve entre estos árboles que no crecen, que solo se alzan como monumentos a lo que se perdió. Este bosque no es natural. Es un invento. Un espejismo también. Creado por humanos, diseñado para consumirnos, para extraviar lo poco que queda de nosotros.

Caigo. Me enredo entre ramas que me rasgan la piel, que marcan mi rostro como advertencia. Dejo un rastro de llagas, de memorias inmortales que no sanan. Y en ese dolor, se va también la última parte de mí que aún era humana.

Pero aún así, sigo caminando. No porque crea que vas a volver. Sino porque alguna vez estuviste. Y eso, aunque efímero, fue real.



S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...