domingo, 11 de mayo de 2025

Caos

Sigo sin entender dónde estoy. Sigo sin ver la entrada ni la salida. Sigo sin poder abrir o cerrar puertas. Todo es un torbellino, no en su centro, sino en el lugar donde el caos es absoluto. Donde las puertas vuelan como hojas al viento, las ventanas se quiebran sin razón, las paredes simplemente no existen. Donde no hay fin, no hay techo ni suelo, donde no hay cielo ni tierra. Donde el mar parece nubes suspendidas, distorsionadas, y el tiempo se disuelve como sal en el agua.

Nada tiene sentido. Nada obedece al reloj ni a la lógica. Nada tiene razón. Solo el viento, ese viento feroz que gira sin compasión, que arrasa, que revuelve y deshace lo poco que queda de estabilidad. El viento que grita, que golpea, que arrastra incluso los últimos restos de cordura.

Mis manos se pierden, mis pies desaparecen. Y todo deja de tener sentido: el querer, el amar, el probar, el oler, el mirar, el sentir. La vida se vuelve un eco vacío. Los sueños, los pensamientos, las metas, el futuro... todo se apaga. Todo se desdibuja como una pintura bajo la lluvia. Todo está tan lejos, tan frío, tan inalcanzable, tan absurdo. Un sinsentido constante.

Me siento perdida en dos mundos, atrapada en dos realidades que se niegan a tocarse. Perdida entre dos sueños que se convierten en pesadillas, en dos infiernos que se funden en uno solo. Perdida entre dos dolores que se alternan para no dejarme respirar. Perdida en el fondo de un abismo sin nombre, sin saber qué cuerda soltar, qué cuerda escalar, sin saber hacia dónde avanzar ni si avanzar siquiera tiene algún propósito.

Estoy aquí, con la mirada clavada en la nada, sin poder tocar lo que existe, sin comprender lo que siento. Aquí, con la cabeza golpeada por pensamientos que revientan contra mi cráneo, llena de heridas que no sangran pero duelen. No entiendo la realidad. No entiendo los porqués. No entiendo nada.

Y sin embargo, algo en mí sigue esperando. No sé qué. No sé a quién. Tal vez a nadie. Tal vez a mí misma, pero ya no me reconozco. Solo sé que quiero huir, desaparecer, disolverme en el aire. Quiero salir de este caos que no solo está en mi mente, sino que se ha metido en mis venas, en mis latidos, en mis lágrimas, en mis noches sin fin, en mis días sin luz.

No sé por dónde empezar. No sé dónde está el norte. No sé si hay sur. No sé si el sol aún sale o si alguna vez salió. No sé si fui yo. No sé si fuiste tú. No sé quién soy ahora. No puedo ver más allá. El espejo está roto. O sucio. O tal vez ya no existe. Quizás nunca reflejó nada. Solo una habitación vacía, llena de polvo, sin techo, sin suelo, sin muros. Solo vacío. Solo nada.

Y lo peor es que nada será suficiente. Nada bastará. Nada se detendrá. Nada comenzará. Todo terminará al final de los días. Todo se quebrará. Todo caerá.


Y yo, tal vez, caeré con ello.




S.C.

Estamos siendo ciegos ante la realidad. Estamos dejando que nuestras mentes fluyan con la corriente, estamos siguiendo un camino vacío, esta...