El tiempo corre. Corre sin freno, sin pausa, sin mirar atrás. No se detiene por nadie, no concede treguas. Avanza con su tic-tac como una guadaña invisible, devastando todo a su paso: anhelos, emociones, suspiros, vidas enteras. El tiempo, en su andar impasible, es la muerte misma disfrazada de rutina. Corta sueños antes de nacer, arranca sonrisas que apenas florecen, hiere sin tocar, y mata sin violencia. Lo hace en silencio, con paciencia, como un verdugo que disfruta ver el alma marchitarse.
Se lleva todo lo que más quisiste. Todo lo que te hizo pensar que vivir valía la pena. Todo por lo que alguna vez pensaste en morir. Se lo lleva sin piedad, sin aviso, sin razón. Te deja atrás, como si nunca hubieras importado. Te desgasta, te deshace, te moldea a su antojo, hasta que no reconoces lo que queda de ti. El tiempo es esa fuerza sorda que no perdona ni un solo error, pero tampoco premia los aciertos. No borra palabras. No borra gestos. No borra errores. No borra cicatrices. Solo los entierra en el fondo de tu memoria y te obliga a vivir con ellos.
Es el amante más cruel. El más fiel. El más íntimo. Uno que se mete en tu piel, en tu mente, en tus recuerdos. Uno que manipula tus sentidos y tu presente, que corrompe el futuro y transforma el pasado en una carga. El tiempo seduce a los que aún no quieren ver que la vida, en su crudeza, no es más que una sucesión de pequeñas muertes: la de los sueños, la de la esperanza, la de la alegría.
Porque sí, la vida decepciona. Es fría. Es injusta. Es brutal. Y el tiempo lo sabe. Por eso se encarga de recordártelo, poco a poco, sin descanso. Te arrastra hacia abajo, hacia una realidad cada vez más árida, más pesada, más real. Hasta que respirar duele. Hasta que mirar hacia el mañana no provoca ilusión sino cansancio. Hasta que incluso lo que antes te daba paz, deja de tener sentido.
Ojalá el tiempo pudiera ser más piadoso con esta alma que ya no encuentra rumbo, que ha perdido el brillo de sus ilusiones, que camina sin un norte. Ojalá el tiempo, solo por una vez, me dejara descansar.
